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¿Qué se va a acabar primero?

sábado, 18 de octubre de 2014

Las naciones de nuestra nación por Lorenzo Meyer


El tiempo pasa y cada vez es mayor la ausencia de Miguel Ángel Granados Chapa.

· 'PROBLEMA' ANTIGUO Y VIGENTE
La sociedad mexicana reclama, y con razón, por la brutalidad de lo ocurrido en Tlatlaya y Ayotzinapa. También debería reaccionar frente a ciertas acciones de las autoridades en relación a lo que ha ocurrido y ocurre en la región de los yoemem, es decir, de la tribu Yaqui.
La construcción de las naciones está llena de violencia. Muchas nacionalidades se han construido a costa de otras, México no es la excepción y los yaquis son un ejemplo. Hoy, la disputa por el agua ha hecho que vuelva a aflorar en Sonora "el problema del Yaqui". Un dirigente de esa etnia, Mario Luna, del pueblo de Vícam, está en la cárcel. Él sostiene que su prisión se explica por su oposición a que se le quite el agua a su comunidad; en contraste, el gobierno local dice que es por robar un auto y privar temporalmente de su libertad al dueño. Este es un episodio más de la difícil relación histórica entre la nación Yoeme y el sistema de poder que impera en el resto del país, en la nación grande.
· ¿DOS INTERESES NACIONALES EN PUGNA?
El "problema del Yaqui" o el "problema de los yaquis con el resto de México" viene de lejos, de la difícil relación entre yaquis, jesuitas y autoridades coloniales. La tensión se agudizó en el siglo XIX e inicios del XX y sus secuelas persisten. El último episodio de la contradicción entre lo que subsiste de la nación Yaqui y el gobierno de Sonora gira alrededor del Acueducto Independencia, una obra hecha por el gobierno local para tomar agua de la presa El Novillo y abastecer a Hermosillo. Los yaquis sostienen que ese acueducto, construido por un gobernador que tiene una presa para él en su rancho "Pozo Nuevo", atenta contra el derecho de la tribu al 50% del agua del río Yaqui, según el decreto del presidente Cárdenas de 1940.
· NACIÓN
El concepto de nación no tiene una definición única, pero para nuestro propósito es útil una simple, de diccionario: grupo social que posee un sentido de identidad, comparte una experiencia histórica y elementos culturales sustantivos y que en su mayoría habita una zona geográfica identificable.
Para 1821, los yaquis ya poseían todos los atributos de una pequeña nación, pues, durante la época colonial y bajo el control de los jesuitas, dieron forma a una estructura comunitaria sólida y a un fuerte sentido de identidad étnica que se acentuó tras la salida de los religiosos. Con la independencia mexicana y el vacío de poder que siguió, la organización yaqui se fortaleció, chocó de frente con las políticas liberales del gobierno nacional y las ambiciones de los intereses externos que querían sus tierras, aguas y fuerza de trabajo. Un resultado de esto fue una serie de rebeliones y alianzas con otros grupos indígenas y blancos. La historiografía Yaqui es amplia, pero para entender la conflictividad de los dos últimos siglos en la zona que se encuentra entre los ríos Yaqui y Mayo son muy útiles trabajos como los de Héctor Cuauhtémoc Hernández, Insurgencia y autonomía: Historia de los pueblos yaquis, 1821-1910 (CIESAS, 1996) o la tesis doctoral de Ana Luz Ramírez sobre la relación entre yaquis y el régimen surgido de la Revolución Mexicana (El Colegio de México, 2014).
En el momento de la desintegración de la Nueva España y el inicio de la difícil construcción del Estado mexicano, los yaquis vivieron una autonomía plena pero que no duró. Un gobierno de Sonora siempre dividido en el siglo XIX pero deseoso de imponer su autoridad política y militar en todo el territorio y en sus propios términos. Eso más la apetencia por los recursos yaquis -tierra, agua y mano de obra- llevaron a que la relación entre los ocho pueblos Yaquis y la autoridad estatal oscilara entre la negociación, el reconocimiento mutuo y el choque frontal. De ese choque surgieron líderes político-militares-religiosos que ya son parte tanto de la historia regional como de la nacional: Juan Banderas y su movimiento (1825-1833), Cajeme y Tetabiate al final del siglo.
Cuando el Estado mexicano finalmente nacional se consolidó en el Porfiriato, surgieron grandes empresas colonizadoras como la Constructora Richardson, que obtuvo 400 mil has. en la zona Yaqui. Fue entonces cuando el gobierno optó por una "solución final" del problema: la deportación en masa a Yucatán y Veracruz para dispersar a la nación Yaqui. Al estallar la Revolución de 1910 algunos yaquis se unieron a los revolucionarios, pero otros se mantuvieron en rebeldía y el nuevo régimen decidió combinar represión (matanza de Lencho en 1917) con asimilación, deportaciones y colonias agrícola-militares donde se dieron tierras, haberes y cierta autonomía a los yaquis a cambio de lealtad.
En 1926, los yaquis que seguían bajo la presión de la expansión de los intereses económicos externos "modernos" en su tierra, se unieron a los remanentes delahuertistas y llevaron a cabo una última gran rebelión. El gobierno federal, dominado por los sonorenses, siguió la política dura del viejo régimen y se propuso, según Ana Luz Ramírez, "el exterminio cultural de los yaquis" que incluyó bombardeos aéreos y donde incluso se propuso usar gas venenoso en su contra (pp. 146-174).
Rendidos los yaquis en 1927 siguieron las deportaciones. Fue necesaria la llegada del cardenismo y la marginación del callismo para que el presidente de México se reuniera con los gobernadores yaquis y les devolviera parte de sus tierras y aguas.

· CONCLUSIÓN
La carga histórica de la relación de México con la nación Yaqui es enorme y debe estar en el centro de toda negociación entre esa nación y el resto del país.Fuente: Transición

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