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¿Qué se va a acabar primero?

domingo, 19 de octubre de 2014

La dictadura perfecta. Por Álvaro Cueva

Gloriosa, La dictadura perfecta es una película gloriosa. El viernes pasado la fui a ver al cine de mi barrio, como cualquier hijo de vecino, y la gocé tanto que no se la puedo dejar de recomendar.
Si usted rechaza al gobierno, a los políticos y a sus partidos, va a levitar de placer. Se lo juro.
La dictadura perfecta
Por Álvaro Cueva
Si usted odia a los medios de comunicación, a sus ejecutivos y a sus protagonistas, sentirá orgasmos múltiples. Es en serio.
¿Pero sabe qué es lo mejor de todo? Que en este filme de Luis Estrada todo ese rechazo, todo ese odio, se transforma en una experiencia divertida.
La dictadura perfecta es una cinta para carcajearse y, ¿por qué no?, para desahogarse.
No sé cómo la haya vivido usted o cómo la vaya a vivir en su cine, pero yo, mientras la observaba en mi distinguida sala VIP, escuchaba a la finísima gente que me rodeaba gritar como en la lucha libre.
Y las expresiones iban desde: “¡Hijos de la chingada!” hasta “¡Puta madre!” pasando por “¡No mames!” y cosas peores. Pura elegancia.
Llegó un punto en que yo ya no sabía si el show estaba en la pantalla o en las butacas. De veras.
El público, cuando va a ver La dictadura perfecta, no va a ver una película de ficción, va a ver algo que en su cerebro se procesa como un ejercicio de denuncia, como un documental, como una verdad absoluta. Ahí está la magia de esta cinta.
Yo no sé si es por el momento histórico, por todo lo que vivimos en los últimos años o por lo evolucionadas que están las audiencias con las redes sociales, pero esto es como para estudio sociológico.
Usted tiene que correr al cine a verla porque tiene que correr al cine a verla. Punto. Estamos ante la película del año. Ojalá que encuentre boletos.
Ni le digo de qué trata porque la publicidad y la campaña de promoción en prensa ha sido más que intensa, pero sí quisiera acotar algunas situaciones:
La dictadura perfecta no es la historia de cómo, supuestamente, la televisión pone a los presidentes en este país. Es mucho más.
Es la crítica más feroz que jamás se le haya hecho a los medios de comunicación en México y América Latina.
¿Y por qué es la más feroz? Porque no viene de un libro, de una conferencia o de una mesa redonda entre especialistas, viene de la ficción y no existe, en el mundo entero, nada más poderoso que la ficción.
No es lo mismo ver a un intelectual con voz engolada atacar a una televisora en un programa de un canal universitario que ver a un actor interpretando al conductor del noticiario nocturno más importante de México manipulando a sus fuentes.
Es otro efecto, algo que pasa primero por las tripas que por el cerebro, una estrategia muy inteligente para obligar al público a reaccionar ante las ideas.
La dictadura perfecta es un filme tan, pero tan delicado, que hubiera sido imposible que se hubiera hecho en el pasado. Sus responsables hubieran aparecido muertos en dos segundos.
Hoy, gracias a una paradójica combinación de factores que incluyen hasta a los medios que esta misma cinta despedaza, estamos ante una de las manifestaciones de libertad de expresión más admirables de todos los tiempos.
El hecho de que La dictadura perfecta esté en pantalla hoy, mientras la nación padece tantos estímulos tan monstruosos en tantos estados y cuando estamos tan cerca de las elecciones intermedias, es un acontecimiento.
La razón es muy simple: usted la mira y, aunque no quiera, comienza a vincular a ciertos personajes y a ciertas situaciones con las cosas de las que se acaba de enterar.
La dictadura perfecta es una pieza reconfortante para las personas desconfiadas, para las mentes críticas, para todos aquellos que no habían encontrado un eco para sus sospechas.
Y lo más chistoso es que muchos de estos hombres y mujeres, cuando salen de la sala, dicen lo mismo: “¡Se quedó corta!”, “¡Faltaron cosas!”, “¡La realidad supera a la fantasía!”
¿Sí se da cuenta de lo que está pasando aquí? La dictadura perfecta no termina cuando termina, nos la llevamos con nosotros y eso es lo mejor que le puede ocurrir a cualquier espectáculo.
Ojalá que luego tenga tiempo de profundizar en esta cinta porque está llena de aciertos y porque algunos de sus actores que vienen de otras plataformas, como Sergio Mayer y Silvia Navarro, hacen un trabajo exquisito. ¡Felicidades!
Fuente: Milenio

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