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Si antes no pasa otra cosa; para que Peña deje los Pinos faltan

¿Qué se va a acabar primero?

martes, 10 de febrero de 2015

De las cámaras de telvisión a las Cámaras legislativas.

No tengo idea de quien habrá sido la primera figura de los medios masivos de comunicación que de ese ámbito saltó a la política. Los viejos de la comarca recuerdan a un tal Sony Bono, quien fuera marido de Cher y que cuando se divorció de ella, quiso poner un restaurante en Palm Spring y tuvo tantas trabas burocráticas que se metió a la política para derribar la barrera de trámites para poner negocios.

Otras figuras en Estados Unidos han incursionado en política: Schwarzenegger, Clint Eastwood, y ya sabes que Ronald Reagan llegó a ser Presidente.

En México, durante el priato, el sindicato de actores, la ANDA, tenía por lo menos una posición asegurada en la Cámara de Diputados, es así que casi siempre el Secretario General de ese organismo gremial era diputado.

Seguimos con los viejos de la comarca que recuerdan que el político Eduardo Andrade primero fue locutor de eventos deportivos, por cierto es hermano de Sergio Andrade, el del clan Trevi-Andrade.

En esos tiempos del priato, el poder político veía con desconfianza la popularidad que alcanzaban algunas figuras de los medios, había un locutor, que primero fue actor (sale en la pelis de Mauricio Garcés como su mayordomo): Luis Manuel Pelayo que en los 70 hizo programas de radio y televisión (El Juego de Juan Pirulero y Sube Pelayo Sube), con los que alcanzo tal relieve que despertó la animadversión del entonces presidente Luis Echeverría; se cuenta que ambos personajes coincidieron en un aeropuerto , en ese tiempo se usaba que adonde quiera que fuera el Presidente se llevaran acarreados para vitorearlo, pero cuando reconocieron a Pelayo fue a éste a quien vitorearon y Echeverría ordenó al "Soldado del Presidente", Emilio Azcárraga Milmo, que cancelara de inmediato los programas de Pelayo y me parece que hasta se tuvo que ir del país.

Pero llegó la Apertura Política, merced a la cual surgieron nuevos partidos, entre estos el Partido Socialista de los Trabajadores, regenteado por un tal Rafael Aguilar Talamantes, tal partido se transformó después en Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, que para abreviar quedó mejor en "El Ferrocarril" y que luego pasó a formar dentro del PRD la corriente que se conoce como Los Chuchos.

Aguilar Talamantes dijo una vez: "Si contáramos entre nuestras filas con Chespirito y la Selección de futbol, gobernaríamos el país". Desde entonces los partidos, especialmente los chiquitos, andan a la caza de figuras de los medios para presentarlos como candidatos, asegurar la votación que les permita conservar su registro y por supuesto los privilegios presupuestales que les confiere la ley.

Detrás de la maniobra de presentar personalidades de los medios como candidatos hay un diagnóstico brutal y cínico acerca de la naturaleza de la mayoría de los votantes y éste es que tal mayoría para decidir su voto no presta atención en las capacidades de los candidatos. ¿Qué sabe la Tigresa, Silvia Pinal, o el Tibio Muñoz de legislar? ¿qué sabe Lagrimita, Costel o Cuauhtémoc Blanco de gobernar? a esta mayoría no le importa, vota por las caras conocidas, por el que le cae bien porque es como ellos, hombres-masa diría Ortega y Gasset.

Es posible contrarrestar el imán de votos que es la popularidad, pero para eso sería necesario que los que no suelen votar, voten.

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