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Si antes no pasa otra cosa; para que Peña deje los Pinos faltan

¿Qué se va a acabar primero?

miércoles, 28 de enero de 2015

La Interminable Conquista de México. Eduardo del Río, Rius

Apenas aprendí a leer me aficioné a las revistas de historietas (ahora se le dice comics), de las revistas que los mayores llevaban a mi casa me gustaba el Memín, la Familia Burrón, Tarzán, la Pequeña Lulú: no me gustaba el Lágrimas y Risas ni El caballo del Diablo; a veces aparecían obras clásicas de la literatura en forma de historietas como Guerra y Paz de Tolstoi o episodios históricos como la Independencia de Haití.

Pero si alguien más barco que el entrevistador de Peña me preguntara por una historieta que me haya cambiado la vida, sin duda fueron Los Agachados de Rius que llegaron a mis manos cuando todavía estaba en la primaria y por cuyos monos aprendí a ver el mundo con un poco más de conciencia política y ecológica, aprendí algo de Historia, de Filatelia, de Jazz, de Poesía, de Canción de protesta, de salud, de otros historietistas y moneros; pero sobre todo pasé muchas horas de diversión, me divertí aprendiendo y aprendí con diversión.

A propósito de nada, Rius cumple 81 años en 2015 y se ve fuerte y lúcido, tal vez eso del naturismo sí funciona.

Pues vuelvo a las andadas, esta vez con uno de sus librajos: "La Interminable Conqusita de México". La tesis de Rius en este libro es que México siempre ha sido botín de extranjeros. El libro inicia con el arribo de los españoles a lo que todavía no era México propiamente sino un territorio habitado por distintas culturas sojuzgadas por el Imperio Mexica; después presenta la historia de rapiña que desde que todavía existía la Nueva España, Estados Unidos ha realizado en nuestro territorio, para finalizar con la colonización cultural. Claro, todo amenizado con sus monos y chistoretes.

Me parece que Rius hace poco énfasis en la colaboración que los mexicanos de la primera mitad del siglo XIX prestaron al invasor norteamericano, no toda la culpa la tiene Santa Anna, hubo gobernadores que se rehusaron a aportar un peso, un soldado o un arma para defender a México, hubo poblaciones que vitoreaban a los norteamericanos a su paso, en fin actitudes tan antimexicanas de los mexicanos de entonces que revuelven el estómago.

Del último capítulo comento que tal vez la transculturización no es de un sólo sentido, a pesar de todo lo que consumimos a través de la televisión y el cine, hay valores culturales de la música, la comida, y las costumbres mexicanas que han ido permeando en la cultura norteamericana a través del contacto con los mexicanos radicados en Estados Unidos.

¿Te recomiendo este libro? ¡Claro que sí! Digo, si te quieres divertir aprendiendo.

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