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¿Qué se va a acabar primero?

domingo, 14 de diciembre de 2014

La rabia y yo Por Álvaro Cueva

"Hay mucha rabia en el ambiente y cuando digo ambiente no me refiero solo a las noticias.
Usted sale a las calles y la gente, por cualquier cosa, pelea.
¿Y qué me dice de las personas que van por la vida violando leyes o de las que van destruyendo lo que encuentran a su paso?
Esto no lo están haciendo los encapuchados. Lo están haciendo madres de familia, trabajadores, ancianos.
Todos lo hemos visto o todos lo hemos hecho. Es como si ya no existiera la ley, como si quisiéramos vengarnos de lo mal que nos está yendo.
¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué tanto odio? ¿De quién es la culpa? ¿Cuál va a ser la solución?
Mire, se lo voy a explicar en términos personales. Yo soy un señor de 46 años, padre de familia, profesionista independiente y a lo largo de mi vida he visto de todo.
Desde masacres, promesas, devaluaciones, terremotos, magnicidios e inflaciones hasta injusticias, errores, censura, levantamientos, pactos, delincuencia e impunidad.
Usted nada más ubique que nací en 1968. ¿Así o más marcado por el destino?
Recuerdo perfectamente bien la desesperación de mis padres, cuando era niño, porque no había manera de que el dinero valiera.
Jamás, por más que se partieron el lomo trabajando, consiguieron algo parecido al ascenso social. Vivían cansados, endeudados.
Como a mí siempre se me dio el estudio, mi papá tenía miedo.
¿Miedo? Sí, una vez lo escuché diciéndole a uno de sus amigos que no quería que yo, cuando creciera, fuera a la universidad.
¿Por qué? Porque el gobierno desaparecía a los estudiantes.
A pesar de eso, en los años 80 conseguí estudiar la carrera de Comunicación en el Tec de Monterrey con una complicadísima combinación de becas y préstamos.
¿En dónde estaba la complicación? En que a medida que iba estudiando, el país se iba derrumbando.
¡La inflación mensual era de dos dígitos! No había forma de organizar nada, mucho menos de encontrar trabajo.
¡Cómo habrán estado las cosas que nuestro director de carrera nos bautizó como la generación de la crisis!
Y ésta es la parte “bonita”. Imagínese lo demás.
Entonces, y esto sigue siendo personal, la culpa de todos nuestros males la tenía el PRI.
¿Quién era la oposición? El PAN. Con la pena pero las izquierdas todavía no aparecían con fuerza.
Para no hacerle el cuento largo, “nuestra” fantasía para que todo se compusiera era quitarle el poder al PRI y poner al PAN.
En 2000 lo conseguimos. ¿Pero para qué? ¡Para que todo se pusiera peor!
Los panistas convirtieron al país en un baño de sangre.
¿Cuál era la opción para corregir eso? Regresar al PRI. Al menos ellos, en su administración, habían controlado esa parte.
¿Y los partidos de izquierda? Me encantaría decirle muchas cosas lindas de ellos pero, tristemente, jamás se supieron comunicar.
Al principio eran como el ala rebelde del PRI. Obviamente si la idea era escapar del PRI, los menos indicados para componer a la nación iban a ser ellos.
Luego se transformaron en una suerte de secta que, lejos de inspirar confianza, inspiraba miedo.
Ahora están peor, su mayor preocupación es destruirse entre ellos.
El caso es que en 2012 volvió el PRI y la ilusión era que regresara el orden, pero en lugar de eso regresaron otras cosas.
Por supuesto que a mí me agobia el caso Ayotzinapa, pero todavía, como hombre de mi generación, sigo esperando que se castigue a los responsables de Tlatelolco 68.
¡Así de atrasada traigo el hambre de justicia! Y no, no me digan que “ya lo supere”. Por jugar a la “superación” estamos como estamos.
¿Por qué le cuento todo esto? Porque quiero que entienda, al menos, la postura de muchas personas de mi edad.
Creímos que la democracia iba a ser la solución a nuestros problemas. Ya comprobamos que no lo es.
Hoy, yo, como adulto, vivo lo que mis padres vivieron cuando era niño.
El dinero no vale, por más que me parto el lomo trabajando, no completo. La moneda se sigue devaluando, los estudiantes siguen desapareciendo.
La diferencia es que yo ya no creo en nada ni en nadie. No tengo esperanzas.
Siento como si hubiera perdido el tiempo todos estos años. Me siento solo, frustrado, fracasado y creo que no soy el único.
¿Ahora entiende toda esta rabia que hay en el ambiente? La pregunta sigue siendo la misma: ¿Cuál va a ser la solución? Debe haber una solución. ¿O usted qué opina?"
Fuente:Milenio

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