En una conferencia de Vicente Quirarte sobre Bram Stoker, el académico asegura que la inspiración de donde surgió la célebre novela Drácula fue la epidemia de cólera que asoló Europa en el siglo XIX. El vampiro se comporta como el cólera, se oculta, es prácticamente invisible, es letal y solo entra en una casa cuando es invitado a hacerlo, es decir cuando por no observarse las debidas medidas de higiene dejamos entrar la enfermedad a nuestro organismo.
Estaba pensando que el coronavirus es el Drácula del siglo XXI cuando en el artículo "Volver a empezar con una nueva conciencia ambiental" de Sofía Heinonen, leí este párrafo que lo explica mejor:
"Sin duda, al coronavirus la oportunidad se la dimos nosotros. No solo porque encontró la manera de reproducirse y dispersarse, sino porque generamos las condiciones ideales para su propagación. Hemos desmontado, incendiado y luego construido ciudades en lugares marginales, así como fragmentado los ecosistemas que constituían barreras naturales. Hemos traficado animales silvestres entre continentes, generando invasiones de especies exóticas; eliminado los depredadores topes que mantienen la salud de los ecosistemas; contaminado mares y ríos, y ocupado cada rincón del globo con la asistencia de tecnología industrial. Hemos sobrepasado todos los límites que permiten mantener nuestra propia existencia con igualdad de condiciones para los más de 7700 millones de personas que somos. Si todos pretendiéramos consumir como lo hacen en los países desarrollados, necesitaríamos 6 ó 7 planetas como la Tierra."
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