Cuando es inminente la llegada de un huracán en algún centro de población, las autoridades suelen ir casa por casa invitando a la gente a trasladarse a algún refugio; incluidos los hoteles turísticos.
Alguna vez me contaron que en horas previas a la llegada de un huracán en Cancún, llegaron militares a un hotel para evacuarlo, todo mundo aceptó la invitación a trasladarse a un refugio excepto un grupo de turistas originarios de la capital del país, exacto, chilangos, que por nada del mundo querían perderse el espectáculo de estar dentro de un huracán...
Con todo lo terrible que pueden resultar esos fenómenos meteorológicos, estar en tierra firme puede aportar grandes posibilidades de salir bien librado, las posibilidades se reducen si el huracán lo agarra a uno a medio mar.
Como ocurre en el relato "Tifón" de Joseph Conrad, donde la personalidad y mente cuadrada de un capitán lo lleva a dirigir el barco a su cargo a todo vapor contra el más terrible Tifón de los mares de China.
Un marinero con experiencia sabe al ver el barómetro si se acerca un temporal o habrá buen tiempo, y si habrá temporal puede calcular si éste será capoteable o devastador, en cuyo caso puede maniobrar de tal manera que pueda evadirlo. Pero este capitán, a pesar de que sus instrumentos le señalaban lo terrible del Tifón que se acercaba, dudaba de que fuera así realmente, pensaba que no habría manera de saberlo sin estar dentro del fenómeno. Para el capitán modificar la ruta era impensable porque implicaría llegar más tarde de lo que la empresa le había señalado y además gastar más combustible de lo presupuestado, puestas así las cosas el desastre estaba más que asegurado pero solo lo sabrás si lees este libro para enterarte.
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