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Si antes no pasa otra cosa; para que Peña deje los Pinos faltan

¿Qué se va a acabar primero?

lunes, 12 de enero de 2015

Las palabras son aire...pero también lastiman

. Gran parte de la violencia que generamos es verbal. Este tipo de violencia puede ser tan efectiva que hasta se usa en las guerras, un ejemplo tal vez no muy bueno por ser ficticio es una escena de "La Cucaracha", película de María Félix: en una batalla, el bando revolucionario se queda sin parque, entonces la Cucaracha (María Félix) grita:"¡Pues entonces a mentadas que también duelen jijos de la..!"

Un ejemplo mejor es el que escuché del escritor Paco Prieto: durante la Conquista del Nuevo Mundo, los indígenas se enteraron de que a los españoles les hacía enojar mucho que les dijeran marica, entonces, cuando los españoles preparaban una emboscada, los indígenas les gritaban: ¡Maricas! y los españoles salían de su escondite encabronados gritando ¡¿a quién le dices marica..?! y en ese momento eran blanco de las flechas.

En política la violencia verbal es parte fundamental del arsenal de los contendientes, todavía recuerdo la violencia verbal de Fox durante la campaña del 2000: Salinillas, Zedillín, La vestida... Y la del 2006 que dejó apodos como Peje y Fecal.

Con la generalización del uso de INTERNET la violencia verbal se ha expandido notablemente, de hecho hay profesionales de la violencia verbal que recorren foros, redes sociales y blogs solamente para insultar y descalificar; los llamados trolls.

La violencia verbal solamente surte efecto si el destinatario le da tal importancia que se sienta ofendido. Esto me recuerda un meme que encontré en Facebook en el que se relata la historia de un monje budista que es insultado durante horas para provocar una pelea y el monje no se inmuta, al preguntarle su discípulo por qué no reaccionó ante tal cantidad de insultos el monje dice: si alguien te ofrece un regalo y tú no lo aceptas ¿de quién es el regalo? De quien lo ofrece- respondió el discípulo- Lo mismo pasa con los insultos, si no los aceptas son de quien los profiere- concluyó el monje-.

Si el destinatario no se siente afectado entonces la violencia verbal se vuelve estéril, como posiblemente lo sean todas las mentadas de madre y chistes sobre la supuesta pendejez de Peña que a diario se le dirigen por las redes sociales.

Un insulto ofende cuando el insultado en su fuero interno considera que se pone en evidencia una verdad vergonzante sobre su persona, por ejemplo , si yo anoto: "Puto el que lo lea" (¡chin! ya lo leíste), no por haberlo leído serás lo que dice la frase, solamente te sentirás ofendido si eres lo que se conoce como homosexual egodistónico, es decir, aquel que siendo homosexual por naturaleza, se engaña a si mismo negándose esa condición y es entonces cuando la respuesta a la violencia verbal puede ser violencia física de distinto grado, como pasó en Francia a los caricaturistas de Charlie Hebdo

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