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¿Qué se va a acabar primero?

viernes, 24 de octubre de 2014

Los sistemas que vacían a México por Lorenzo Meyer


· CARACTERIZACIÓN
"El PRI creyó que podía administrar el infierno". Esta explicación de Javier Sicilia de nuestro tiempo político es difícil de rebatir (El País, 19 de octubre).
Ya se ha sugerido aquí que el sistema político mexicano es hoy un híbrido, mezcla del montado por el PRI el siglo pasado -la "dictadura perfecta"- con elementos nuevos que, a su vez, son un amasijo de ingredientes positivos y negativos. Lo positivo es el mayor pluralismo político, pero lo negativo es la firme implantación del crimen organizado y la consecuente descomposición política y social en estados como Guerrero, Michoacán, Morelos, Estado de México, Tamaulipas, Coahuila y Veracruz, entre otros.
Y es que el impulso democrático que alcanzó su cúspide en 2000 se topó con la decisión de no tocar a los "peces gordos" de la corrupción, de incorporar al viejo corporativismo sindical priista -el SNTE entre otros- al nuevo gobierno, de elegir a la izquierda como el enemigo a derrotar y al PRI como el aliado indispensable. Con el "haiga sido como haiga sido" de la elección de 2006 y con la "guerra contra el narco" se ahondó el fracaso. Hoy, a los 23 meses de post calderonismo se han contabilizado 14,534 ejecuciones ligadas al crimen organizado (Reforma, 11 de octubre). Todo lo anterior condujo al retorno del PRI, al control del sistema y a un "Pacto por México" que modificó el corazón mismo de la Constitución en beneficio de un tipo de economía muy sesgada en favor de la desigualdad.
Hoy ya no se sabe hacia dónde se dirige el país. Y la incertidumbre tiene lugar en una coyuntura donde la dinámica política del no avanzar en la democratización no significa quedarnos varados, sino retroceder. Acontecimientos como los de Tlatlaya -ejecución de prisioneros por el Ejército- e Iguala -el secuestro y asesinato con saña espantable de estudiantes normalistas rurales por policías y una organización criminal- son indicadores de que el retroceso político está en marcha.
Con relación a Tlatlaya e Iguala, pero teniendo como telón de fondo la acumulación de miles de ejecutados y desaparecidos más la persistencia de las organizaciones criminales, Edgardo Buscaglia, estudioso del narcotráfico, caracteriza hoy a México como un país donde sus responsables políticos apenas si desempeñan el papel de administradores de un pacto de impunidad en la corrupción y que desembocó en el colapso del Estado por descontrol (Aristegui noticias, 9 de octubre). Entre algunos círculos de estudiantes surge otra caracterización: las matanzas no son indicadores de descontrol, sino de la construcción de un "Estado de Terror" para controlar, en beneficio de una élite del poder, el descontento creciente en la base de la sociedad.
· ENTRE ESPADA Y PARED
En su libro Por qué fracasan los países (México: Paidós, 2013), Daron Acemoglu y James Robinson examinan los orígenes históricos de la pobreza y la riqueza de las naciones. Esa comparación les llevó a desarrollar una dicotomía entre sociedades de carácter extractivo e inclusivo. En ambos casos el entramado institucional se examina tanto a nivel político como económico para concluir, de manera un tanto simplificada, que las sociedades exitosas desarrollaron instituciones políticas incluyentes que propiciaron la participación efectiva de una mayoría en los procesos de toma de decisiones, y eso derivó en la construcción de mercados no monopólicos y dinámicos. Por el contrario, los sistemas no democráticos tienen como meta excluir a la mayoría de la participación política efectiva para mantener sistemas económicos monopólicos que extraen riqueza de esa mayoría en beneficio sólo de una minoría.
Una y otra vez Acemoglu y Robinson usan el caso de México -los conquistadores, los porfiristas o Carlos Slim- para ejemplificar la naturaleza de un sistema excluyente en lo político, que también excluye en lo económico para favorecer acumulaciones fabulosas de riqueza en un puñado de personajes. Lo que estos autores no observaron es que aquí el esquema puede ser más complicado y terrible, pues hay que introducir tanto la política como la economía ilegales. En México, entre otras razones, como origen y consecuencia de una transición fallida, surgió un sistema de poder criminal paralelo que ha colonizado a gobiernos municipales y estatales, y eso, junto a la economía formal excluyente, dio forma a otra economía ilegal y también excluyente que, empleando la violencia ilegítima, extrae impunemente recursos de la sociedad dentro de la que vive y predomina.
Es más, el propio crimen organizado ya tiene dos economías y políticas: la de los grandes cárteles que no buscan explotar a su medio social -el caso del cártel de Sinaloa- y la de los depredadores de su medio, al estilo de los Zetas, La Familia o de esos Guerreros Unidos de Iguala. Y resulta que estas últimas, política y economía, son las que han crecido a raíz de la fallida "guerra contra el narco", pues al descabezarse a los grandes cárteles, su pedacería vive cada vez menos del tráfico internacional de estupefacientes y más de extorsionar a los habitantes, propietarios y gobiernos locales.
· CONCLUSIÓN
No es posible hacer una caracterización objetiva del sistema político mexicano y menos en medio de la tragedia y el horror, pero necesitamos intentarlo para tener plena conciencia de lo que está en juego. Al final, cualquier caracterización implica una responsabilidad: la de asumir o no, cómo y en qué medida, el papel de ciudadanos.Fuente: Transición

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