Con el incendio provocado en un casino de Monterrey se desató un repulsivo gimoteo contra el juego. No hallo motivo alguno para alabar la maestría en el ajedrez y tratar como enfermo a quien juega cartas o damas chinas. Un término con olor a hospital se puso en circulación: ludópata, y se argumentó que debía prohibirse el juego porque produce esa patología. Ridiculeces de sacristanes.
El juego, como las tv-novelas, la lectura de poesía, la ida al gimnasio o los chocolates, ya no digamos las drogas legales e ilegales, puede invadir áreas que podrían emplearse mejor, y “mejor” es siempre un término subjetivo.
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