Hay una vieja discusión acerca de que si el arte debe expresar una opinión, hay quien dice que no porque eso lo vuelve panfletario, por lo tanto aburrido y que eso lo destruye en tanto a arte.
Pero tal vez es posible crear una obra artística que de tal manera exprese una opinión sin que se vuelva panfleto. No conozco gran cosa de arte, y sólo tengo a la mano un ejemplo de la música popular:
En un viejo son de Benny Moré; La Culebra, (canción que por cierto sonaba a todo volumen para ocultar el ruido de los disparos contra Colosio), se relata la historia de un guajiro que tiene que trabajar en un ingenio y se cuidaba de que una culebra lo muerda en sus pies descalzos porque ya no podría caminar, ni trabajar y entonces su familia vería recrudecida su miseria; en realidad nadie que baile este son reapara en el sentido que le acabo de dar y esto es porque la canción expresa una opinión sin ser panfletaria.
Creo que en el cuento "Un viejo que leia novelas de amor" de Luis Sepúlveda he encontrado otro ejemplo de opinión sin panfleto: el título del relato es la trama, pero para llegar al punto en el que el personaje se aficiona por las novelas de amor, el autor expresa una opinión ecologista, social y política; hace una crítica a la visión occidental que excluye del mundo a otras culturas de tal forma que hasta el propio nombre les niega, en este cuento la cultura shuar es uno de los personajes, tal vez no sepas cual es esa cultura, pero si te digo "jíbaros" entonces tal vez te remitas a la región del amazonas y a la reducción de cabezas, y esto es lo que decía, que hasta el nombre se les niega.
Eso me recuerda que en México ocurre lo mismo con etnias como los rarámuris a los que equivocadamente se les dice tarahumaras, o como los purépechas a los que se llama tarascos; dicen que eso de tarascos es porque cuando los conquistadores españoles llegaron al territorio del hoy estado de Michoacán vieron que las muchachas de esos lugares eran muy bonitas y le pidieron a su guía que les dijera como se dice "suegro" en la lengua local: "tarasco", fue la respuesta y así empezaron a llamar a cuanto purépecha encontraban.
Volvamos al cuento de Sepúlveda quien finalmente refrenda en esta obra lo dicho una vez por Octavio Paz cuando le preguntaron que para qué servía la poesía: "Para ser humanos" respondió Paz; lo mismo que leer novelas de amor le sirvió al viejo.
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