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sábado, 26 de enero de 2013

Ezequiel Elizalde la "víctima" de Cassez

De todas las personas que aparecen en el montaje del supuesto rescate de secuestrados de la AFI del caso Cassez, una es la que con mayor virulencia acusa a Cassez:
Ezequiel Elizalde
"El 9 de diciembre de 2005, el perito médico oficial Jorge Arreola emitió un dictamen sobre el estado físico de Israel Vallarta: el detenido presentaba equimosis violácea en los brazos, el pecho, el flanco derecho, la región cervical, los muslos, los glúteos y los labios. Tenía, también, los genitales hinchados.

El informe del perito confirma una declaración de Vallarta que asegura que el día de su detención, lejos de “manifestarle” o “hacer de su conocimiento” ninguna cosa, la policía lo sometió a una brutal golpiza. Relató que aquel 8 de diciembre lo llevaron al sótano de un edificio ubicado frente al Monumento a la Revolución: “Me desnudan totalmente, me quitan las esposas, me vendan las muñecas por atrás de la espalda, al igual que las piernas a la altura de las pantorrillas. ‘¿Sabes anatomía?’, me preguntaron, y me dieron un golpe que me tiró al piso. ‘Eso se llama hígado, hijo de tu puta madre’ ”.

El relato incluye cubetazos de agua, bolsa de plástico en la cabeza, golpes en la planta del pie con un palo de escoba.

Vallarta afirma que, a su lado, la policía golpeaba a otro individuo que se había hecho pasar por secuestrado para sacarle dinero a su padre. “Decía que lo había hecho porque su papá era un ojete y humillaba a su mamá”. De acuerdo con Vallarta, aquel individuo era Ezequiel Elizalde, una de las tres víctimas, supuestamente retenidas en el rancho Las Chinitas, que aparecieron en televisión el día del montaje: el mismo que interrumpió cuatro veces al reportero Reinah para agradecer la intervención de la AFI.

Según Vallarta, en un momento determinado Ezequiel Elizalde dejó de llorar. A él, le dijeron: “¿Ya ves? Ya pagó y ya se lo llevan. Acepta la propuesta que te van a hacer para que tu novia se vaya. Si tú haces lo que se te dice, tu novia se va”.
Sigue Vallarta:
“Yo acepté. Esto fue pasada la medianoche. Me vistieron, me subieron a una camioneta, uno de ellos se comunicó por teléfono y me dijo: ‘Vas a hablar con tu novia’. Le dije a Florence: ‘Tú ya te vas, hice un trato con estas personas, te van a ir a dejar a la embajada, di que perdiste tus documentos y vete a tu país. Perdóname, quise hacerte feliz, no pude’ ”.

La camioneta arrancó. Vallarta oyó claves de radio. Alguien le dijo: “Ya cumplimos, tu novia ya se fue y de ahora en adelante vas a aceptar todo lo que venga, porque si no le rompemos la madre a toda tu familia”. Lo llevaron de vuelta a Las Chinitas. Dice que vio que sacaban varias cosas de su casa: unas las llevaban a la pequeña construcción de la entrada y otras las subían a una camioneta. Vio también que bajaba de un vehículo un hombre golpeado, con la barba crecida. Según él, era Ezequiel Elizalde. Por último, vio a Florence Cassez.
—¿No que la habían dejado ir? —preguntó.

No le contestaron. Un hombre de abrigo negro golpeó a Florence:
—Te hubieras quedado en tu país a hacer tus chingaderas.

Según Vallarta, se oyó a una mujer gritar: “No les peguen”. Y una voz contestó: “No los defienda, son unos hijos de la chingada”.

“En ese momento reconocí que era la voz de la persona que horas antes estaban golpeando en el mismo lugar donde me golpeaban a mí”. Es decir, Ezequiel Elizalde.
El 18 de noviembre de 2005, la esposa de Ezequiel Elizalde, Karen Pavlova Gachuz, se presentó ante el Ministerio Público a denunciar el secuestro de su marido. El plagio había ocurrido el 4 de octubre. Una voz le había dicho por teléfono al padre de Ezequiel, Enrique Elizalde:
—Cámara, Enrique, aquí tengo a tu chavo. Te la voy a dejar en 10 millones.

El padre no quiso dar aviso a la policía. La esposa de Ezequiel contó una historia extraña: su suegra había querido ocultarle el secuestro y le dijo que Ezequiel estaba de viaje en Estados Unidos. Pero Karen Pavlova tenía el pasaporte de Ezequiel. “Dígame la verdad”, le dijo a su suegra. Más tarde descubrió que la madre de Ezequiel le llamaba por teléfono al secuestrador, y no el secuestrador a ésta, como sería lo lógico. La mamá de Ezequiel decía:
—No señor, por favor no vaya a lastimar a mi hijo, lo que vaya a pagar el señor Elizalde que lo pague él, no mi hijo.

Sigue Karen Pavlova:
“Me fui a donde estaba hablando por teléfono mi suegra, y me puse a un ladito de ella… Debido al volumen del teléfono, se escuchaba la voz de un hombre que le dijo que le dijera a mi suegro que prendiera sus celulares y contestara las llamadas. Mi suegra le dijo que ella no tenía dinero, y él le contestó: ‘No doña Raquel, yo a usted no le voy a pedir nada, yo sé la alimaña que es ese hijo de su chingada madre y sé todo lo que le quitó. ¿Usted cree doña Raquel? Me dijo ese cabrón que no tiene dinero’ ”.
A Karen Pavlova le sorprendió que su suegra platicara “muy tranquila, como si conociera al secuestrador”. Le sorprendió que ella respondiera: “¿Eso le dijo el señor Elizalde, que no tiene dinero?”.

Cuando revisó en el identificador de llamadas el número al que había marcado su suegra, Karen Pavlova descubrió que la llamada había sido realizada al número celular de Ezequiel. “Me pareció muy extraño”, dijo.

La madre de Ezequiel desapareció a las dos semanas del secuestro. Más tarde declaró que se había ido a vivir “un rato” a Monclova, porque “se sentía intranquila respecto a lo que estaba sucediendo”. El padre de Ezequiel apagó definitivamente sus celulares y le comunicó a Karen que él también iba a irse. Cuando ella le dijo: “¿Cómo es posible que se vayan, si mi marido no ha aparecido?”, Enrique Elizalde le contestó, simplemente, que pensaba que su hijo Ezequiel ya estaba muerto “porque los secuestradores no habían vuelto a llamar para pedir dinero”. Desesperada, Karen fue a hacer la denuncia ante el Ministerio Público.

Ezequiel Elizalde fue el único de los testigos que el 9 de diciembre reconoció a Florence Cassez: “Me dijo que no intentara hacerme el héroe, que no hiciera pendejadas, que si no íbamos a acabar mal, y como dije, su acento era de extranjera, arrastrando la letra ‘erre’… Vi que su cabello se salía del pasamontañas, su cabello era largo, de color teñido, al parecer güero”.

El día de la transmisión televisiva, Ezequiel había querido mostrar ante las cámaras el piquete que le había dejado una inyección con la que, aseguró, la noche anterior a su rescate le habían adormecido un dedo para cortárselo. Según él, lo había inyectado Florence Cassez. “Le dije que no me dañara, y ella me dijo que ni modo, que eran gajes del oficio… ella me dijo que qué quería que le mandara a mi papá, si un dedo o una oreja. Sentí el brazo totalmente dormido”.

Ese mismo día, Ezequiel mostró el piquete en la SIEDO. El secretario del juzgado le revisó el meñique y apuntó: “Se aprecia un punto de coloración roja, al parecer típico de cuando se aplica una inyección”. El magistrado que condenó a Cassez aseveró que “tal inspección ministerial y certificación del secretario del juzgado permite corroborar la veracidad del dicho del ofendido”.

Medio año más tarde aquel piquete de aguja seguía siendo visible en el dedo de Ezequiel. Un peritaje mostró que aquel punto de coloración correspondía a una petequia —una mancha en la piel—, y no a una cicatriz. El magistrado desdeñó el peritaje.

Está por demás decir que un dictamen médico oficial, realizado aquel 9 de diciembre, reveló que, al igual que Vallarta, Ezequiel Elizalde se presentó a declarar con señales de tortura. Presentaba heridas en la pierna izquierda y golpes severos en la espalda, la cabeza, el abdomen.
Desde el día de su liberación, su mujer, Karen Pavlova, se negó a volver a verlo."
Fuente:Revista Nexos

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